
Afrocolombianidad: la memoria que baila, canta y nos enseña a ser más justos
Cada 21 de mayo, Colombia conmemora el Día Nacional de la Afrocolombianidad. Es una fecha para celebrar la cultura, la música y los saberes afrocolombianos, pero también para recordar que la libertad se defiende con memoria, respeto e igualdad.
Imagina que estás caminando por una feria escolar en Cali. En una mesa pruebas arroz con coco, luego una cocada; luego escuchas currulao; y más allá ves una cartelera sobre San Basilio de Palenque. Al principio piensas: “¡Qué linda la música!”. Pero luego una profesora te explica que muchas personas africanas fueron secuestradas, traídas a América y obligadas a trabajar en minas, haciendas y construcciones durante la colonia.
La profesora explicó que, durante la época colonial, muchas personas africanas esclavizadas llegaron por el puerto de Cartagena de Indias. Luego fueron llevadas a distintos territorios, como las zonas mineras del Chocó y Antioquia, y también a grandes haciendas. Como nadie nace para vivir encadenado ni maltratado, muchas de esas personas buscaron la libertad: escaparon y formaron comunidades libres llamadas palenques. Uno de los más reconocidos es San Basilio de Palenque, un corregimiento de Mahates, Bolívar, cerca de Cartagena, que hoy es símbolo de libertad, lengua, memoria y resistencia.
Después de la abolición de la esclavitud, muchas comunidades afrocolombianas siguieron construyendo vida en territorios del Pacífico, el Caribe y otras regiones del país. Allí cuidaron ríos, manglares, selvas, músicas, saberes de medicina tradicional, formas de cocinar, de sembrar, de contar historias y de vivir en comunidad.
Años después, la Constitución de 1991 reconoció a Colombia como una nación diversa, y la Ley 70 de 1993 fortaleció derechos importantes sobre territorios colectivos de comunidades negras. La diversidad no es un adorno: es una raíz profunda del país.
El rol de las comunidades negras en la Independencia fue mucho más importante de lo que a veces cuentan los libros escolares. Muchas personas africanas y afrodescendientes —esclavizadas, libres, cimarronas, artesanas, bogas, campesinas y soldados— participaron en las luchas que ayudaron a romper el poder colonial. No fueron simples acompañantes: pusieron el cuerpo, el conocimiento del territorio, la fuerza de trabajo, las rutas por ríos y caminos, y también una idea muy poderosa: la libertad no podía ser solo para unos pocos.
Muchos hombres afrodescendientes fueron incorporados a los ejércitos durante la Independencia. En algunos casos,
la promesa de libertad fue usada para convencer a personas esclavizadas de unirse a la guerra. Un ejemplo de esa participación fue el coronel Juan José Rondón, un militar llanero afrodescendiente recordado por su valentía en la campaña libertadora. En la Batalla del Pantano de Vargas, Rondón y sus lanceros fueron llamados a cargar contra el enemigo. Su acción ayudó a cambiar el rumbo del combate y dejó una lección poderosa: la libertad de Colombia también fue construida por manos afrodescendientes, populares y valientes.
HOY
Cuando bailamos cumbia, escuchamos currulao o vemos una marimba del Pacífico, no estamos frente a “solo música”. Estamos frente a una herencia africana que sobrevivió al maltrato, al desarraigo y al olvido.
Las comunidades afrocolombianas nos han compartido una parte muy poderosa de la identidad del país: músicas como la cumbia, el currulao, el mapalé y la champeta; sabores como el arroz con coco, el pescado, las cocadas y los patacones; peinados como las trenzas y turbantes; además de cuentos, cantos, danzas, saberes sobre las plantas, el río, el mar y la vida en comunidad. Son regalos culturales que no nacieron de la nada: vienen de una historia de resistencia, creatividad y orgullo que sigue viva en Colombia.
Retos de las comunidades negras en Colombia: Las personas afrodescendientes viven en condiciones muy desiguales que repercuten en su salud y bienestar.
Desplazamiento y pérdida del territorio
Muchas comunidades negras, afrocolombianas, raizales y palenqueras han sufrido los efectos del conflicto armado, la minería ilegal y la presión sobre sus tierras. Estas situaciones han obligado a muchas familias a salir de sus hogares. Pero perder el territorio no es solo perder una casa: también puede significar alejarse del río donde se pescaba, de la escuela, de los vecinos, de los cultivos, de los rituales y de la memoria de los abuelos.
Desigualdad en educación, salud y servicios básicos:
Aunque Colombia reconoce derechos importantes para las comunidades afrocolombianas, todavía hay zonas donde faltan hospitales cercanos, agua potable, buenas vías, conectividad y escuelas con materiales suficientes.
También es necesario que la educación cuente mejor la historia afro, sus lenguas, saberes y aportes.
Todo eso nos invita a una pregunta más profunda: ¿cómo hacemos para que la diversidad no solo se celebre en una cartelera, sino que se respete todos los días?
